domingo, 27 de diciembre de 2009




El mono de Campbell, o Cercopithecus Campbelli, utiliza el proceso de afijación. Las llamadas de alarma de los machos constan de una "raíz" variable y de un "sufijo" opcional. La adición de esta partícula gramatical transforma una alerta concreta (contra los leopardos, en el caso estudiado) en un aviso genérico de peligro indefinido, basado en que se agitan los árboles.

Los científicos creen que "-oo" es el equivalente de un sufijo humano, y han reunido varias evidencias

Una característica que distingue el lenguaje humano de los sistemas de comunicación animales es que tiene una arquitectura morfosintáctica: los elementos morfológicos (las raíces de las palabras) y los sintácticos (prefijos, sufijos) se combinan por un sistema de reglas propias del lenguaje. Estas reglas son responsables de gran parte del poder generativo de nuestro lenguaje.

En años recientes se ha comprobado que otras especies también utilizan la combinatoria para diversificar su repertorio de llamadas. No sólo en algunas especies de monos, sino también de pájaros y ballenas. El canto de los pájaros tiene incluso una estructura recursiva, o jerárquica.

Pero nunca se había visto algo similar a un sufijo. Los sufijos tienen un papel central en nuestro lenguaje, porque pueden alterar la categoría gramatical de la palabra: transforman cruel en crueldad, canto en cantante, análisis en analizar.

Karim Ouattara, del Centre Suisse de Recherches Scientifiques en Costa de Marfil; Alban Lemasson, de la Universidad de Rennes, y Klaus Zuberbüler, de la Universidad de Saint Andrews en Escocia, llevan años estudiando a los monos de Campbell en el parque nacional Tai en Costa de Marfil, uno de los ocho países africanos por donde se extiende esta especie. Publican sus últimos resultados en PLoS Biology.

Las monas de Campbell que forman el núcleo de un grupo interactúan mucho entre sí, tanto de forma física como vocal. Emiten diversas llamadas de angustia, amenaza, contacto o aviso. Los machos, que se dedican a la territorialidad y a la defensa contra los predadores, habitan en los márgenes del sistema. Son mucho más parcos en llamadas, y sólo las usan en las grandes ocasiones.

Zuberbüler y sus colegas han clasificado las llamadas de los machos en seis tipos: hok, hok-oo, krak, krak-oo, wak-oo y boom. Los científicos creen que "-oo" es el equivalente de un sufijo humano, y han reunido varias evidencias.

Las llamadas "krak" se emiten exclusivamente tras detectar la presencia de un leopardo, así que no es arriesgado asignarles ese significado. Sin embargo, "krak-oo" parece corresponder a cualquier alteración: ataques de águilas (o cualquier otra cosa que vuele), predadores terrestres o ramas que se caen de un árbol.

De modo similar, la llamada "hok" se asocia casi en exclusiva con la llegada de un águila coronada (o con su aviso por otro macho), mientras que "hok-oo" puede corresponder a una variedad de peligros, incluida la presencia de un macho de otra vecindad (esto la diferencia de "wak-oo", que nunca se aplica a los vecinos). Los investigadores han comprobado estas observaciones de campo con experimentos que hacen uso de modelos visuales y auditivos de los distintos predadores.

Para producir sus llamadas, los monos tienen que coordinar los movimientos de la lengua, la mandíbula y los labios, según se ha comprobado en otras especies. "Nuestros resultados, por tanto", dice Zuberbüler, "se suman a la creciente evidencia de que los primates no humanos utilizan procesos similares a los que producen el habla humana, para comunicar cambios en el entorno de una manera que tenga sentido".

La investigación no parece haber agotado el tema. "Los monos de Campbell", dicen los científicos, "no suelen producir llamadas aisladas, sino secuencias de llamadas de distintos tipos". Zuberbüler ha examinado en otro trabajo (publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, edición electrónica) si hay alguna relación entre los "sufijos" y la pauta de esas secuencias, que agrupan entre 10 y 20 llamadas.

Según sus resultados, una secuencia compuesta sólo de "booms" es la que se usa para azuzar al grupo a que levante el campamento y emigre hacia algún otro lugar del bosque. "Vámonos, vámonos, vámonos", podría servir como traducción española (el más habitual "vamos que nos vamos" tiene, pese a las apariencias, una notable complejidad sintáctica).

Pero una serie de "booms" seguida de unos pocos "krak-oos" ya no significa levantar el campamento, sino "¡árbol va!". Los investigadores han comprobado que esta frase aparece casi exclusivamente asociada a la caída de un árbol, o de la rama de uno.

Si lo que se quiere significar, por el contrario, es la presencia en las cercanías de otro grupo de monos de Campbell (o al menos de uno de sus machos, lo que puede ser igual de preocupante para el macho local que da el aviso), la frase de elección parece ser dos "booms" y unos cuantos "krak-hoos" y "hok-oos" sin un orden preciso.

Los humanos nos separamos de los chimpancés hace seis millones de años. En ese periodo tuvo que evolucionar el lenguaje humano, al que muchos científicos suponen un proceso clave en la evolución de nuestras capacidades cognitivas. Y por tanto la mayor incógnita sobre nuestros orígenes.

Pero de los cercopitacos de Campbell nos separamos hace 30 millones de años. El descubrimiento de una forma primitiva de morfosintaxis en esta especie muestra que nuestra competencia lingüística pudo evolucionar a partir de fundamentos muy antiguos, o lo que Zuberbüler llama "rasgos ancestrales flotando en el linaje de los primates".

Una historia de continuidad en la evolución de esta capacidad humana casa bien con lo que se sabe de FoxP2, "el gen del lenguaje". Las mutaciones de este gen causan que una persona sea incapaz de distinguir los fonemas dentro de una palabra, de generar inflexiones a partir de una raíz, de comprenderlas si no las había aprendido previamente de memoria y de producir con naturalidad estructuras sintácticas. De ahí "el gen del lenguaje".

Pero FoxP2 ha resultado ser uno de los genes más estables a lo largo de la evolución que se conocen. Su producto (la proteína FoxP2) es una cadena de 715 aminoácidos. El gen humano y el del ratón sólo difieren en tres de los 715, y sólo dos de esas diferencias distinguen el gen humano y el del chimpancé. Los neandertales tenían ya la misma versión que nosotros.

Fuente



Tags: lenguaje, evolucion, cercopiteco, mono de Campbell

Publicado por Herakles57 @ 10:55  | evolución
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viernes, 20 de noviembre de 2009

Algunos nativos de una tribu de Oceanía que realizaba rituales caníbales hasta 1950 desarrollaron una variante genética que les protegió contra una enfermedad similar al mal de las vacas locas.

Durante muchas generaciones, los fore de Papúa Nueva Guinea se comían a sus muertos como muestra de luto. Las mujeres y los niños ingerían el cerebro de sus familiares fallecidos, lo que les hizo mucho más propensos a sufrir el kuru, una encefalopatía similar al mal de las vacas locas y a su versión humana, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob.

Las encefalopatías pueden ser hereditarias o provocadas por unas proteínas muy resistentes llamadas priones, que se acumulan y multiplican en el cerebro de personas o animales infectados.

Los responsables del estudio, publicado en New England Journal of Medicine, han encontrado una mutación genética que protege casi totalmente de los devastadores efectos de los priones en el caso del kuru. La llevan sobre todo mujeres de avanzada edad que portan dos copias diferentes de un gen que les hace casi inmunes ante la enfermedad que llegó a eliminar a generaciones enteras de su pueblo. Los responsables señalan que se trata de un caso casi único de evolución humana en respuesta a los efectos de una enfermedad tan peculiar.

"A través de un proceso de supervivencia del mejor adaptado, las personas que llevaban esa variante genética eran inmunes al kuru y sobrevivieron a las epidemias", explica a Público el investigador del University College de Londres Simon Mead, uno de los autores del estudio.

Caso único

Mead explica que la mutación se desarrolló alrededor de 1800 y se hizo más común a comienzos del siglo XX, cuando se piensa que comenzaron las sucesivas epidemias. "No conozco ningún otro caso que muestre una adaptación tan fuerte y rápida", confiesa.

Los priones que causan el kuru y otras enfermedades similares tienen una forma anormal. Cuando entran en el organismo se unen a otros priones sanos y los transforman, de manera que pasan a ser nocivos. La enfermedad tiene un periodo de gestación muy largo. Al igual que el mal de Creutzfeldt-Jakob, ataca al cerebro y causa temblores, dificultad motora y descoordinación que llevan a la muerte en unos doce meses. La variante genética descubierta por el equipo de Mead impediría que los priones nocivos se unan a los sanos, bloqueando así que se desencadene el kuru.

Miles de muestras

El equipo obtuvo ADN de la sangre de más de 3.000 individuos de la tribu fore, de los que unos 700 habían participado en rituales caníbales y unos 150 habían muerto a causa de la enfermedad.

La mitad de las mujeres que vivían en la zona más afectada por el kuru llevaban la variante protectora, una mutación del gen PRNP. El análisis genealógico de las familias en las que está presente muestra una protección muy alta e incluso total ante la enfermedad, señala el trabajo.

El hallazgo podría servir para desarrollar nuevas terapias. "Esclarece los mecanismos de esta enfermedad que hay que conocer para diseñar nuevos tratamientos", concluye Mead.

Fuente: Público

 


Tags: canibalismo, evolucion, encefalopatia, kuru

Publicado por Herakles57 @ 14:41  | evolución
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sábado, 14 de noviembre de 2009

No sólo ha desaparecido el gran antropólogo del siglo XX, sino el hombre que probablemente asentó las bases para la antropología científica del XXI.

Claude Lévi-Strauss conmovió realmente el humanismo beato al proponer el estudio de "estructuras" impredecibles desde el ámbito de la consciencia o del libre albedrío tradicional: "Yo trato de establecer, tomando la etnografía como punto de partida, en qué medida el espíritu humano no es libre". Tomando como punto de partida la neurociencia y las disciplinas evolucionistas, esta es una divisa permanente asumida hoy por muchos científicos sociales y que sigue siendo rechazada con el mismo viejo repertorio de prejuicios teológicos.

Porque Lévi-Strauss no sólo fué un promotor del "estructuralismo" y un discutido líder de la cultura francesa (a veces cuestionado por su forma tiránica de dominar la especialidad), también anticipó la antropología cognitiva, como defienden los que hoy podríamos considerar sus sucesores. Desde el Instituto Nicod y el Instituto Internacional de Cognición y Cultura, Dan Sperber reivindica una perspectiva naturalista que ya estaría incorporada en La Pensée Sauvage (1966), cuando se evoca la consiliencia de "la cultura en la naturaleza y finalmente (...) de la vida dentro de todas sus condiciones físico químicas".

Si es posible proponer hoy una "ontología naturalista" de las humanidades, tal vez tengamos que remontarnos hasta Lévi-Strauss.

(1908-2009)



Publicado por Herakles57 @ 21:05
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miércoles, 21 de octubre de 2009


Por Gonzalo Pontón

Durante los próximos meses asistiremos a la publicación de varias ediciones conmemorativas de los 150 años de El origen de las especies, que se dio a las prensas cuando su autor, Charles Darwin, iba a cumplir 50. Es justo que sea así. De lac arismática trinidad progre (Darwin, Marx, Freud), ninguno ha podido derrotar al tiempo como el primero.

Aunque quedan algunos detalles por ajustar que no afectan a su esencia, la teoría de la evolución ha sido verificada hasta la saciedad desde el registro fósil a la genómica comparativa, y hoy es un hecho científico tan indiscutible como la existencia de los átomos o la del os agujeros negros. Indiscutible, pero no indiscutido. Las Iglesias cristianas, judías y musulmanas no pueden aceptar la teoría de la evolución porque, según sus libros santos, un dios primordial omnipotente y omnisciente lo creó todo en seis días (o en seis mil millones de años, que en lo de la cronología los clérigos más espabilados se apuntan a la metáfora).

Acuciados por los descubrimientos científicos que han ido desmontando, pieza a pieza, la narración del Génesis y todos los mitos de creación existentes, ciertos fundamentalistas religiosos han propuesto, como explicación "científica" alternativa a la evolución, la existencia de un diseñador inteligente, en un remake de la vieja narración bíblica, pero sustituyendo al Anciano de los Días por, digamos, un Enric Satué o un Alberto Corazón todopoderosos.

La teoría de Darwin se asienta en cuatro pilares fundamentales: la evolución, el gradualismo (con las matizaciones de Stephen Jay Gould y Niles Eldredge), la especiación y la selección natural.

A estos cuatro pilares, el profesor Jerry A. Coyne, que acaba de publicar un libro titulado Why Evolution is True, añade un quinto que me parece irrefutable: "La imperfección es la marca de la evolución, no la del diseño consciente".En efecto, la evolución produce criaturas imperfectas, inacabadas. Los mecanismos evolutivos han dotado al kiwi de unas alas sin función; la mayoría de las ballenas conservan vestigios de pelvis y huesos de las patas como recuerdo de su pasado de cuadrúpedos terrestres; los humanos contamos con músculos para accionar una cola ya desaparecida, erizar pelaje del que no disponemos (la "carne de gallina") o mover cómicamente las orejas.

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Por no hablar del famoso apéndice, muy útil para que nuestros abuelos primates pudieran hacer fermentar las hojas de los árboles y transformar su celulosa en azúcares. ¿Qué función desempeña en los humanos aparte de ponerles, a veces, en riesgo de muerte? Tal vez el diseñador inteligente haya sido un cirujano avispado.

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¿Sabían ustedes lo del nervio laríngeo de los mamíferos? Yo tampoco, pero el profesor Coyne lo explica de maravilla: el tal nervio interviene en la fonación, pero en vez de ir directamente del cerebro a la laringe, desciende hasta el pecho, gira alrededor de la aorta y regresa a la laringe en un recorrido tres veces mayor del necesario. Fascinante. Pues ese nervio hace lo mismo en las jirafas, bajando y subiendo por su cuello como un taxista sin GPS. Ninguna deidad que se precie sería tan despistada. Lo que sucede es que el nervio laríngeo procede de los arcos branquiales de nuestros antepasados, los peces, y allí sí cumplían una función.

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El aparato reproductor de los humanos es una galería de chapuzas y un campo minado.

¿Por qué los testículos no se forman directamente fuera del cuerpo, donde la temperatura es adecuada para los espermatozoides? Se forman en el abdomen, y cuando el feto tiene unos siete meses emigran al escroto a través de los canales inguinales, debilitando las paredes abdominales con el riesgo de causar hernias, a veces mortales. La uretra está muy mal diseñada, porque pasa por medio de la próstata, y cuando ésta se inflama dificulta o impide la micción.

Las mujeres paren a través de la pelvis en un proceso doloroso e ineficaz, porque es demasiado estrecha (por necesidades de la locomoción bipedal) para un cráneo que ha debido ensancharse para acoger el crecimiento del cerebro. Desde luego, el diseñador inteligente no era una mujer. Y ya que estamos hablando de los bajos, si usted fuera diseñador, ¿habría colocado una planta procesadora de residuos junto a un parque de atracciones?

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Pero además, Darwin ya previó algo extraño en la selección natural, y es que no siempre actúa en bien de la especie. A veces la evolución puede producir resultados útiles para un individuo, pero perjudiciales para la especie en su conjunto. He aquí un ejemplo fastuoso aportado por el genio de Forges (EL PAÍS, 22 de febrero): en el dibujo aparece un obispo o cardenal (¿Rouco? ¿Camino?) de gesto avinagrado que Darwin observa entre perplejo y azorado. ¿Por qué razón?

Porque ve, como Forges y como yo, que aquí la selección natural no ha jugado en favor de la especie.

Si la selección natural "apaga" los genes más perjudiciales y activa los más favorables, ¿por qué existen los eclesiásticos? Si a través de la evolución y de la cultura, el animal humano ha mejorado la calidad de su vida, ha ampliado el alcance de su inteligencia y ha conseguido dotarse de una consciencia ética que le impulsa a amar a sus semejantes, a respetar sus vidas y sus libertades, y que le reprocha íntimamente, insoportablemente, sus miserias y su capacidad para elmal, ¿cómo es que no se ha desembarazado de los clérigos?

¿Qué función evolutiva tienen esos oscuros intérpretes de unos dioses atávicos que envían a niños-bomba a matar y ser muertos?

¿Por qué sobreviven seres inmorales capaces de engañar a sabiendas al os más débiles y desvalidos de los humanos diciéndoles que los preservativos pueden aumentar el riesgo de contraer el sida?

Sólo desde Darwin puede explicarse la existencia de tales criaturas: deben de ser vestigios de nuestros antepasados los reptiles.


[*] Gonzalo Pontón es el consejero delegado de CRÍTICA. El presente artículo fue publicado por primera vez en el diario español El País


Fuente: Sin dioses

Tags: Darwin, evolución, creacionismo, seleccion natural

Publicado por Herakles57 @ 21:49  | evolución
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sábado, 17 de octubre de 2009

Por José María Hernández de Miguel

Desde que en 2001 se finalizó la secuenciación del genoma humano hemos ido de sorpresa en sorpresa, dado que muchos de los nuevos datos no han concordado con ciertas ideas que teníamos sobre nuestra dotación genética y las diferencias de ésta con otros seres vivos. Primero fue el pequeño número de genes que compone nuestro genoma (entre 25.000 y 30.000), que representa únicamente el doble de los que posee la mosca del vinagre Drosophila melanogaster y tan solo 2.000 a 5.000 más que Arabidopsis thaliana, la primera planta secuenciada y aproximadamente los mismos que el ratón común (Mus musculus).

Además, no es únicamente el reducido número de genes lo que nos asemeja más de lo que pensábamos a gusanos y ratones, sino que las diferencias entre nuestros genomas son muchísimo más pequeñas de lo que creíamos. Un organimso tan diferente como la levadura Saccharomyces cerevisiae comparte con nosotros el 50% de su genoma, y con la mosca del vinagre mencionada anteriormente, compartimos el 60% de nuestros genes.

Lógicamente, al comparar con parientes más próximos, las similutudes son impresionantes. El chimpancé, cuyo genoma se secuención completamente en 2005, puede compararse con el nuestro de forma literal en un 96% de su extensión, y de ella, el 99% de sus genes son idénticos a los nuestros. Dicho de otra forma, de los 3.000 millones de pares de bases de forman nuestros genes, 2.970 millones son idénticas en el chimpancé, y únicamente 30 millones de pares de bases han sufrido cambios desde que nuestros dos linajes se separaron, hace ahora unos 6 millones de años. Estamos hablando de que chimpancés y humanos únicamente se diferencian en unos 200 – 300 genes.

Estos descubrimientos han llevado a replantearnos la forma en la que los genes producen la variedad específica. Tradicionalmente se pensaba que la consecuencia de un único cambio en una base nitrogenada era muy pequeño, y que solo la acumulación de gran número de estos cambios podía originar macroespeciación. Sin embargo, estos resultados contradicen esta visión extremadamente gradualista. Las extensas diferencias entre especies no se deben tanto al número de genes que difieren entre ellas como a la acción de unos pocos genes que organizan el desarrollo del individuo.

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Cambiando a diferente velocidad

No todas las regiones genómicas reflejan la misma velocidad en los cambios de bases nitrogenadas. Si las mutaciones no son ni beneficiosas ni dañinas, se acumulan a una tasa uniforme que sirve para calcular el tiempo de divergencia entre dos especies. Por el contrario, si una región cambia de forma más rápida, es síntoma de que ha sido seleccionada de forma positiva, dado que la acción beneficiosa de la mutación aporta mayor probabilidad de ser transmitida a la siguiente generación.

Trabajando con estas zonas “aceleradas” del genoma, K.S. Pollard, de la Universidad de California en San Francisco, ha encontrado una región de 118 bases a la que ha denominado “región acelerada humana1? (HAR1), comprobando que forma parte de un gen implicado en el desarrollo del cerebro.

Comparando la región HAR1 de varias especies de vertebrados, se ha comprobado que había evolucionado muy lentamente antes de la separación del Homo sapiens. De hecho, entre el gallo y el chimpnacé, solamente difieren dos de las 118 bases, mientras que entre humanos y chimpancés se encuentran 18 diferencias en un tiempo mucho menor (los linajes de los dos primeros divergieron hace unos 300 millones de años y el de los segundos hace tan solo 6 millones de años).

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Pocos cambios, mucho efecto

Posteriormente se ha descubierto que HAR1 interviene en el proceso de repliegue de la parte más externa de la corteza cerebral, por lo que desempeña un papel crucial en la caracterización del cerebro humano. En realidad, HAR1 forma parte de dos genes solapados, y aunque aún no sabemos como afecta exactamente al desarrollo de la corteza cerebral, se ha comprobado experimentalmente que HAR1 no codifica para ninguna proteína, sino exclusivamente para ARN.

Cambios entre chimpancés y gallos y entre humanos y chimpancés en la región HAR1 (Redibujado de Pollard, 2009)

HAR1 representa así un excelente y prometedor ejemplo de como unos pocos cambios moleculares pueden traducirse en unas diferencias cualitativamente considerables, especialmente interesantes al tratarse precisamente de la peculiar inteligencia humana. Otras secuencias aceleradas pueden estar implicadas en la formación de nuestra especie, como FOXP2 que facilita la formación de sonidos vocales, ASPM que controla el tamaño del cerebro o HAR2 que dirige la actividad génica de la muñeca y el pulgar durante el desarrollo.

Aún queda mucho por trabajar con HAR1 y otras secuencias aceleradas, pero cada vez más estamos llegando a la convicción de que no son necesarios muchos cambios en el genoma para que aparezca una nueva especie.

Fuente: Sin dioses

 


Tags: adn, chimpances, humanos, genoma, arn

Publicado por Herakles57 @ 23:18  | evolución
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miércoles, 07 de octubre de 2009


Por supuesto, me uno a la campaña. Cuando se dedica tanto dinero para reflotar los bancos, para la Iglesia, etc, etc, recortar en un 15 % el presupuesto de investigación y desarrollo me parece una barbaridad absoluta. No podemos parar el motor del desarrollo tecnológico. No se le puede dar tan poca importancia a ésto.  No al recorte presupuestario en I+D.

Más información  aquí.

Tags: ciencia, presupuesto, recorte

Publicado por Herakles57 @ 23:27
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