Domingo, 09 de agosto de 2009

 

vaca en la India

 

Muchas veces nos habremos preguntado porqué en la religión hindú la vaca es sagrada. Puede pasear a sus anchas por las calles, comer lo que le plazca y nadie puede hacerle nada. Existe un tabú tal que se provocan conflictos con la comunidad musulmana por el sacrificio de vacas. Según Marvin Harris, impulsor principal del materialismo cultural, este tabú tiene una base ecológica y económica. Se podría ver desde el punto de vista del input y output energético. En primer lugar la vaca de la raza cebú, que es la que predomina en la India, está muy adoptada a la climatología de la India, con grandes periodos de sequía y otros de lluvias torrenciales. Cada familia pobre tiene una sóla vaca, ésta consume muy pocos recursos energéticos, porque aprovecha todo lo que encuentra e incluso se puede considerar un factor de redistribución de riqueza, ya que puede penetrar en fincas de vecinos ricos para alimentarse. En conclusión el mantenimiento de este animal es muy barato. Por contra, el producto que ofrece es variado. En primer lugar la boñiga de vaca, que sirve para cocinar una vez seca, produciendo una combustión lenta y calorífica, lo que permite a la mujer dedicarse a otras labores mientras cocina. Otra parte de las boñigas se usan como abono en la agricultura y otra pequeña parte para los suelos de las casas. Aunque la producción de leche es escasa, el hecho de poseer una vaca significa que se pueden tener terneros, que se convertirán en bueyes para arar los campos y que se pueden vender. Si los campesinos sacrificaran sus vacas en periodos de hambruna, sería la ruina total de la familia. De ahí el tabú. Recomiendo la lectura del libro de Marvin Harris: "Vacas, cerdos, guerras y brujas", donde dedica un extenso apartado a este asunto. Aquí un extracto del libro:
El tabú que prohíbe sacrificar y comer carne de vaca puede ser un producto de la selección natural al igual que el pequeño tamaño corporal y la fabulosa capacidad de recuperación de las razas cebú. En épocas de sequía y escasez, los agricultores están muy tentados a matar o vender su ganado vacuno. Los que sucumben a esta tentación firman su propia sentencia de muerte, aun cuando sobrevivan a la sequía, puesto que cuando vengan las lluvias no podrán arar sus campos. Incluso voy a ser más categórico: el sacrifico masivo del ganado vacuno bajo presión del hambre constituye una amenaza mucho mayor al bienestar colectivo que cualquier posible error de cálculo de agricultores particulares respecto a la utilidad de sus animales en tiempos normales. Parece probable que el sentido de sacrilegio indecible que comporta el sacrificio de vacas, esté arraigado en la contradicción intolerable entre necesidades inmediatas y condiciones de supervivencia a largo plazo. El amor a las vacas con sus símbolos y doctrinas sagradas protege al agricultor contra cálculos que sólo son “racionales” a corto plazo. A los expertos occidentales les parece que “el agricultor indio prefiere morirse de hambre antes que comerse su vaca”. A esta misma clase de expertos les gusta hablar de la “mentalidad oriental inescrutable” y piensan que las “masas asiáticas no aman tanto la vida”. No comprenden que el agricultor preferiría comer su vaca antes de morir, pero que moriría de hambre si lo hace.
Pese a la presencia de leyes sagradas y del amor a las vacas, la tentación de comer carne de vaca bajo la presión del hambre resulta a veces irresistible. Durante la Segunda Guerra Mundial las sequías y la ocupación japonesa de Birmania provocaron una gran escasez en Bengala. El sacrificio de las vacas y de animales de tiro alcanzó niveles tan alarmantes en el verano de 1944 que los británicos tuvieron que utilizar tropas para hacer cumplir las leyes que protegían a las vacas. Y en 1967 el New York Times relataba:
Los hindúes que afrontan la inanición en la región de Bihar, asolada por la sequía, están sacrificando las vacas y se comen la carne aun cuando los animales son sagrados según la religión hindú.
Los observadores señalaban que la “miseria de la gente era inimaginable”.
La supervivencia hasta la vejez de cierto número de animales totalmente inútiles en una época buena forma parte del precio que se ha de pagar por proteger animales útiles contra su sacrificio en épocas malas. Pero me pregunto qué se pierde en realidad con la prohibición del sacrificio y el tabú sobre la carne de vaca. Desde el punto de vista de la economía agrícola de Occidente, parece irracional que la India no disponga de una industria de envasar carne. Pero el potencia real de esta industria en un país como la India es muy limitado. Un incremento sustancial en la producción de carne de vaca forzaría el ecosistema entero, no por el amor a las vacas, sino por las leyes de la termodinámica. En cualquier cadena alimentaría la interposición de eslabones animales adicionales provoca un fuerte descenso en la eficiencia de la producción de alimentos. El valor calórico de lo que ha comido un animal siempre es mucho mayor que el valor calórico de su cuerpo. Esto significa que hay más calorías disponibles per cápita cuando lapoblación humana consume directamente el alimento de las plantas que cuando lo utiliza para alimentar a animales domesticados.
Debido al alto nivel de consumo de carne de vaca en Estados Unidos, las tres cuartas partes de todas nuestras tierras cultivadas se destinan a alimentar al ganado en vez de a la gente. Puesto que la ingestión de calorías per cápita en la India ya está por debajo de los requisitos mínimos diarios, la orientación de las tierras cultivadas hacia la producción de carne sólo provocaría una elevación en los precios de los artículos alimenticios y un nuevo deterioro en el nivel de las familias pobres. Dudo si más del 10 por 100 de la población india podría incluso hacer de la carne de vaca un artículo importante de su dieta, prescindiendo de si creen o no en el amor a las vacas.
También dudo de que el envío de los animales más viejos y decrépitos a los mataderos existentes produzca mejorías en la nutrición de la gente más necesitada. De todas formas, la mayor parte de estos animales no se desperdicia aun cuando no se envíe al matadero, ya que en la India existen castas de rango inferior cuyos miembros tienen derecho a disponer de los cuerpos del ganado vacuno muerto. Veinte millones de cabezas de ganado vacuno perecen anualmente de una forma u otra, y una gran parte de su carne se la comen estos “intocables” devoradores de carroña.

Marvin Harris: "Vacas, cerdos, guerras y brujas".



Tags: Marvin Harris, vaca, sagrada, India, materialismo, cultural, antropologia

Publicado por Herakles57 @ 22:22  | antropologia social
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